Friday, 18 July 2008

The Beauty and The Beast. Altogether

Ayer, pude ver cumplido uno de mis sueños de toda la vida.

Después de tener la oportunidad de probar un BMW 335 coupé, el año pasado, el siguiente paso lógico vino a través de una de las horas más bonitas que uno puede pasar metido en un coche: 83 Km de puertos de montaña, con el sol achicharrándote el cogote porque has retirado la capota de un Porsche Boxster S. Justo como este. De hecho, exacta y literalmente igual a este:






Ya desde fuera impresiona: Pinzas rojas, ruedas grandes adelante, ruedas insultantemente grandes atrás, alerón que se levanta a más de no-se-cuántos por hora, en fin... qué voy a contar. Todos hemos visto una y mil fotos de este coche.

Por dentro la cosa mejora aún más. 16.000 euros de extras hacen que lleve tapizado en cuero hasta las manecillas del tacómetro: cronómetro analógico en el centro del salpicadero (para medir tu destreza cuando te metes a un circuito), asientos impecables, un volante precioso, navegador integrado entre las preciosas costuras que terminan de forma impecable la consola, y la llave, por supuesto, a la izquierda, como debe ser. ¿Cuantas veces he repetido la palabra "precioso"? Normal...



Por fin llega el momento. Alguien me desliza la llave Porsche y me dice: "¡Venga, sácalo!". Tengo que reconocer que hasta me temblaban un poquiño las piernas.


Tal y como su dueño me dijo: "A este coche no te subes, a este coche te bajas"... Y qué razón tiene. Una vez sentado, tu culo no estará a más de 25cm del suelo... impresionante. ¿Quién era el que decía que un coche no es un coche si una vez sentado con la puerta abierta, no eres capaz de tocar el asfalto con la mano? Pues bien, este coche pasa la "Prueba del Orangután" sin ningún tipo de problema. Esto es lo que uno contempla cuando está a punto de arrancar un Porsche:


Una de las primeras cosas que me sorprende es la posición de conducción. Es realmente cómoda (algo que no me esperaba, por mucho que fuera un Porsche). Con cada cosa en su sitio, te adaptas al coche como un guante.

Llega el momento. Giro la llave, y entonces me doy cuenta de eso que tanto he oído hablar: "El sonido Porsche"... No trataré de aburrir describiendo lo que pasa cuando aceleras. Simplemente diré: DIOOOOSSSSS QUÉ BONITOOOOOO!!!! El motor, justo detrás de tus orejas, ruje como un león de metal. En este coche es casi un pecado poner la radio.


La segunda sorpresa llega cuando emprendo la marcha. Ni se me cala, ni siquiera lo llevo a tirones. ¡Es sorprendentemente fácil de conducir! En los primeros compases, lo llevo como un auténtico novato que conduce su habitual diésel, cambiando como mucho en las 3000.


En esos regímenes, el coche es una delicia de suavidad, perfectamente cómodo, conducible, y empuja como los coches a los que estamos acostumbrados que pueden rondar los 100 o 150 CV. Incluso te podría parecer que el coche no es todo lo bestia que te esperabas, pero estarías equivocado.... muy equivocado...

En cuanto tomo un poco más de confianza, encaro la primera recta de unos 800m, y en segunda me marco un "Pedal to the Metal". El coche nos deja literalmente pegados a los asientos y empieza el festival: en un suspiro 2000-3000-4000 y entonces.... 4500 y llega la magia: un alarido hace que mi sonrisa pase de ser una mueca a una carcajada. Dios mío de mi vida. 5000-6000-7000 y sigue estirando como una puta bestia. Perdón por la expresión, pero creedme si digo que, de verdad, no se puede describir de otra forma. Como decía otro amigo que también tuvo la oportunidad de probarlo: "es lo más parecido a una moto que me ha tocado ver".


Normalmente contaría aqui qué velocidad se consigue alcanzar en 2ª, en 3ª, etc., pero sinceramente, no tengo ni puñetera idea. Solo sé que en 3ª pasamos de 150 sin problemas. Y es que en este coche, a un inexperto como yo, no le da tiempo a mirar al velocímetro ni al cuentavueltas. Simplemente no puedes. Empuja con tantos güevos que tienes que agarrar fuertemente el volante y mirar fijamente a la carretera. En esas condiciones, no es nada dificil llegar al corte, porque en ningún momento el coche te transmite la sensación de que se le acabe "la chicha". Al contrario, cada vez empuja más, hasta que corta.

Otra gran sorpresa es que sus suspensiones no son tan incómodas como me esperaba. Es más, funcionando en modo normal (no Sport), no son más incómodas que las de cualquier coche "de calle". Eso sí, no por ello el coche deja de ir "sobre raíles". Es impresionante la capacidad que tiene para girar.

Hubo un momento en que un pobre hombre, con un Saab 93 nuevecito, pensó que era buena idea tratar de seguirnos. Era uno de esos tipos molestos que van a nueve metros y medio de tu escape, como tratándo de molestar y retar a partes iguales. No hubo discusión posible. Si en la primera recta ya se perdía en el retrovisor, en cuanto llegaron cuatro curvas, el Saab se desvaneció en el aire.

El último punto que hizo que mis pelos se pusieran como "picos de escarpias" fue la frenada. Sinceramente, mientras yo conduje no la probé como debía. Sencillamente porque no era consciente de cuánto es capaz de frenar este coche. Su dueño me lo mostró cuando, al final de la tarde, se puso él al volante.

No se, creo que no soy capaz de describirlo. Nunca imaginé que era posible acercarse a semejante velocidad a una rotonda, sin hacer un "recto" y pasarla por encima, reventando el vehículo en la maniobra, claro. Era una rotonda enorme, de esas que cortan por la mitad una carretera secundaria en buen estado y sin tráfico. Sin peligro alguno a la vista, no sé a qué velocidad iríamos, pero creo que no exageraría nada, si 40 o 50 metros antes de la rotonda, fuéramos a 140 km/h. El afortunado conductor habitual de este coche clavó los frenos (y a mí contra el cinturón de seguridad), punta tacón, segunda, hachazo de volante y gas...

Sus muertos...







No comments: